Katmandú, un espejo en el cielo

Director:
Icíar Bollaín
Intérpretes:
Verónica Echegui (Laila),
Opinion del critico/a

Opinión del critico:

Lo mejor :La presentación del contexto social nepalí

Lo peor :Una drmatización un tanto tosca

Icíar Bollaín destripa con irregular resultado las miserias sociales de Nepal con la coartada de una misión solidaria ejemplar con protagonista española.

Crítica completa:

Hay un interesante rapapolvo subyacente en Katmandú, un espejo en el cielo, como antes en También la lluvia, a la inherente mentalidad colonial de la solidaridad y la compasión occidental hacia el tercer mundo. Laia se estrella contra una pared intentando comprender los entresijos de una jerarquización social deprimente, en la que los pobres son carne de miseria perpetua por culpa de la rígida interpretación de la polaridad providencial entre los poseedores y los desposeídos.

Icíar Bollaín toma sabia distancia; Laia aprende a callar lo que no entiende, pero no por ello se elude la denuncia, de trazo demasiado grueso casi siempre, de esa infame socidad de castas que no consiente el progreso para los más desfavorecidos y que entiende la asimetría como un distintivo cultural y religioso intocable por la arrolladora fuerza de la costumbre.

Es ahí, en ese dilema moral entre la rebelión contra la injusticia insensible a los matices o la adaptación al medio para intentar cambiar las cosas de a poquito, desde dentro y sin delirios de paternalismo postcolonial donde residen los mejores minutos de cine de una ficción, por lo demás, en exceso autocomplaciente y esquemática.

Más allá del conflicto derivado del extrañamiento cultural emerge la catártica odisea de una heroína plana, que renuncia generosamente (o no) a su ego y a su propio espacio vital para darse incondicionalmente a los otros, llorando a moco tendido las penas de los desfavorecidos. Verónica Echegui, sólida a grandes rasgos, llora demasiado, y con frecuencia la película se deja tentar por un tosco sentimentalismo sin dobleces.

Es decir, que Bollaín no acierta, quizá, a canalizar el vendaval de emociones solidarias de su ejemplar protagonista, frecuentemente interrumpidos por redundantes flashbacks de juventud y recuerdos. No hay rastro de sombra más allá del elogio, y la cinta acaba apoyándose en un despliegue narrativo demasiado austero, avanzando en torno a recursos dramáticos demasiado primarios.

Hay mucho estereotipo en Katmandú, un espejo en el cielo; Bollaín asume como principio la equidistancia, desplegando el drama en el marco de una película disfrazada de docudrama; pero más allá del interés social intrínseco del relato, faltan dobleces e, incluso, elementos distintivos que hagan de ésta una película única y diferente a otras; tal distinción no existe; Katmandú, un espejo en el cielo se parece demasiado a otras propuestas de similar pelaje, y no necesariamente cinematográficas. Bollaín acierta apostando por un prisma social-realista para que su Nepal emerja, y lo hace, como un país fascinante pero de contrastes humillantes; falla el procesamiento dramático de ese contexto tan bien dibujado y la dinámica de la ficción propiamente dicha.

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